|
Entre muros milenarios
que formaron parte del recinto amurallado de la Málaga musulmana, se alza
el Restaurante Alea. Muros que allá por el Siglo VIII fueron testigos del
esplendor y la prosperidad malacitana traída por los diversos pueblos y
culturas que aquí se asentaron. Fue ciudad rica en comercios, mercaderes y
oficios artesanos que años después darían nombre a gran parte de sus
históricas calles vecinas. Tal es el caso de Calle Horno, paralela a este,
que debe su nombre a la existencia en el pasado de una tahona.
De uso como molino en
el Siglo XVIII, albergó varias norias para moler la harina destinada a
hacer pan. Todavía hoy puede contemplarse la erosión de la rueda del carro
en la base del pilar de mármol del restaurante y un “bocado” que hicieron
en éste para hacerla girar. A finales del Siglo XIX el lugar se convierte
en una fábrica de fideos destinando la planta superior a secadero y
almacén y la baja a la venta.
En un ambiente de trato
amable, acogedor y relajado que respira historia, es el Restaurante Alea
de visita imprescindible para degustar los ricos sabores de la gastronomía
mediterránea y de otras exquisiteces que con dotes de creatividad y buen
hacer, diariamente se elaboran para satisfacer los paladares más
exigentes. |